¡Fiestas patrias a la veracruzana!
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¡Fiestas patrias a la veracruzana!

Porque el sabor y el festejo hacen una excelente unión.

   Septiembre es el mes patrio, el mes para conmemorar que en el pasado los héroes nos dieron patria y que del yugo de la esclavitud nos vinieron a liberar. Septiembre es el mes del orgullo, del estoicismo y de la gallardía nacional, la época del año en que una lluvia tricolor adorna cada avenida y cada portal. Septiembre es el mes que como mexicanos nos llena de dicha y que al pronunciar la consabida frase; “¡Viva México!” nos regodeamos y hasta la boca se nos llena a reventar, pero no lo es único que llena nuestra bocas en Septiembre, pues como todo digno festival, en las fiestas patrias, las viandas son un sello distintivo, que no sólo es representativo, sino que hipnotizan y dejan con ganas de más al paladar.

 

 

   Y en esta época de algarabía, las mesas resultan un verdadero manjar, los colores brillan con más brío de lo que suelen hacerlo en cualquier otro día habitual; el papel picado rebosa en las alturas y en las mesas humeantes, los platillos anuncian con cantos de sirena etéreos su preparación magistral y en un mismo sitio las texturas del barro, la cerámica, el peltre y hasta la porcelana se sientan sin reparo alguno a conversar. Una mesa mexicana vestida de fiesta nacional es tal vez uno de los motivos más alegres y peligrosos que a una persona le puedan tocar... ¡Porque todos sabemos como aquello puede acabar! pues ante tanta delicia, verdaderamente será raro aquél, que con tanta variedad sólo un guiso decida probar.

  Desde las típicas enchiladas rojas fritas en manteca, hasta los bocoles, los tamales, gorditas, sopes, tacos de todos los colores y un desfile de antojitos mexicanos más, que al plato del comensal se presentarán uno tras de otro para a su apetito deleitar, hasta los platillos de mayor elaboración, como el distinguido señor mole y sus seis horas de preparación, hasta llegar al máximo soberano de la fiesta patria: Don chile en nogada, que de sobra en verdad no tiene nada y que siempre sabrá engalanar, como un patriota emblema que a todo comensal mexicano y extranjero, en igual medida habrá de conquistar.

   Pero porqué no llevar a la mesa un trozo de Veracruz en tan célebre fiesta y aunar a ese mosaico de sabor, la esencia costeña de esta típica región. Y para tan peculiar encomienda, no puede existir mejor elección que el pozole veracruzano: el pozole de camarón. Este platillo que en realidad es una importación, es ya un clásico para los veracruzanos y año tras año, suele hacer su aparición con insistencia en tan patriota celebración y que modestia aparte, lleva en su diferente, único y exquisito sabor, un toque especial para estas fiestas, que le dará una nueva cara al festejo de esta tradición.

   Para prepararlo primero se habrá de obtener los ingredientes con antelación: granos de maíz pozolero, chile ancho, chile guajillo, cebolla, ajo y por supuesto camarón. La versión más popular de este guiso le da preferencia a la variedad e incorpora en el mismo guiso, camarón seco, camarón seco molido y camarón fresco de tamaño medio como parte de su elaboración. Una vez conseguidos todos ellos, se procede a su confección. En primer lugar los chiles en agua hirviendo se pondrán a hidratar, luego junto con el recaudo, la cebolla y el ajo se habrán de licuar y finalmente a freír en aceite para el sabor intensificar. Luego es juego de niños, a la mezcla se agregará los granos de maíz y los camarones secos enteros y en polvo y por 40 minutos en un olla de alta presión habrá de reposar. Una vez listo el maíz, el camarón se agrega y se cocinará por cinco minutos más y de la olla al plato y del plato al comensal no hay mejor forma de festejar a la patria, que haciéndole gala con el paladar.

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