Martínez de la Torre: Un paraíso cítrico, impregnado del sabor del Totonacapan
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Martínez de la Torre: Un paraíso cítrico, impregnado del sabor del Totonacapan

El balance perfecto entre el campo y el mar.

   El Totonacapan o ‘tierra de los tres corazones’ parece ser el escenario perfecto para acoger al municipio de Martínez de la Torre, pues su riqueza gastronómica es tal, que la tierra y el mar en igual proporción aportan su sabor a la olla martinense. Si de campo se habla, esta región es ya reconocida a nivel nacional, por su producción de frutos cítricos. Así, tanto el limón como la naranja, con su perfume de azahar, perfuman los caminos y las viandas y a manera de comitiva recibirán al viajero en ambos lados de la carretera, donde también se une a la algarabía, sendas hectáreas de platanales que con su amarillo intenso contagian de alegría.

 

 

 

   Pero aquí no terminan los prodigios de la fertilidad de la zona martinense. Lo que en tierra son frutos dulces y fragantes; en el mar, son ingredientes frescos y rozagantes. De esta guisa, como muestra podemos destacar la calidad y sabor de sus ostiones, camarones y acamayas, los ingredientes principales que hacen gala en sus platillos y cachadas. Destacando éste último, las deliciosas acamayas, un manjar de Martínez de la Torre, que es tan versátil como su cocina misma, pues ya sea al mojo de ajo, en una preparación de chile chipotle o al chiltepin, estos ‘cámarones gigantes’ adquirirán con cada nueva preparación, un nuevo y delicioso matiz.

   Y habiendo abundancia en ingredientes, los habrá por obligación en cuanto a gastronomía. De esta manera la cocina martinense será exhaustiva en antojitos y platillos típicos, desde las ya tradicionales garnachas, hasta las gorditas, los tamales de frijoles o de carne de puerco envueltos en hoja de plátano, las enchiladas y las empanadas bañadas con la típica salsa de la región o bien, los chileatoles; O para quién tenga más hambre, resultarán mejor que ni pintados sus deliciosos chilpacholes, donde el comensal podrá escoger entre jaiba, minilla o saragalla, para a su antojo embeber.

   Pero sin lugar a dudas y los locales no me dejarán mentir, si hay un platillo que distingue a los martinenses, ese, sin lugar a dudas, el Chilposo de pollo ha de ser. Esta vianda de exótico nombre, posee un familiar sabor y un ennervante aroma, que dice quien lo ha probado, sabe a ‘hogar’ con un toque del pasado. En la mezcla de ingredientes que se incorporan en su preparación, figuran tomates verdes y chiles chipotles fritos y licuados que junto con la intensidad del ajo y la cebolla habrán de enriquecer el caldo donde ya ha hervido la carne de pollo, dando lugar a un caldo, que lo mismo satisface, que revitaliza y que al paladar engolosina.

   Es también típico de Martínez de la Torre, la chanfaina, una importación española diseminada por el sur de México, que consiste en menudencia de cordero, bañada en una compleja salsa que incorpora las esencias del chile ancho, jitomate, tomate verde, pimienta negra, consomé de pollo, clavo, orégano, canela, tomillo, ajo, cebolla, perejil. Y si por si esto, aún resultara poco, el comensal también podrá degustar el ya afamado caldo martinense de pez bobo, una preparación que más que dejar un buen sabor de boca, dejará una deliciosa impresión en el corazón.

   Mas, la visita gastronómica a Martínez de la Torre no estará completa sin una degustación a los quesos provenientes de la industria artesanal de productos lácteos de las comunidades de Ojite y Mentidero, donde el visitante podrá degustar todo tipo de quesos botaneros, queso tipo crema, hebra, fresco, seco o el aclamado y siempre demandado pay de queso. En fin que, Martinez de la Torre, no tiene pierde y a cada paladar su gusto le habrá de encontrar, es sólo cosa de que el comensal se deje conquistar y en su abrazo culinario se deje agasajar.

 

 

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