Un colorido paseo gastronómico en Fortín de las Flores
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Un colorido paseo gastronómico en Fortín de las Flores

Un oasis floral donde la dulzura salta a la mesa.

   Fortín de las Flores, cuyo nombre por sí sólo ya se antoja a la evocación, es uno de los rincones más representativos de Veracruz, en sus calles, en sus plazas y en el candor de su gente se adivina la lozanía veracruzana y floreciendo con la misma gracia que las orquídeas, las gardenias, los anturios y las nochebuenas que en esta región se visten de ‘pascuas’, la gastronomía en esta bella ciudad es verdaderamente un jolgorio floral, donde la misma tierra que ve nacer a tan floridos portentos es también autora de los ingredientes que imprimen a los guisos, un sabor suculento.

 

   

   Y para dar la introducción a esta galería de sabor, un platillo de exquisita distinción de Fortín, es sin duda los calamares encebollados, en cuya confección va adjunto el acento del sazón mediterráneo y la distintiva cachada veracruzana. Este platillo se trata de un sofrito en el que las notas de la cebolla, el pimiento verde, el ajo, el perejil picado y los tomates habrán de unirse en una sinfonía melodiosa; luego en conjunción con los calamares ya limpios y cortados en rodajas, los sabores se habrán de intensificar con una medida de vino blanco que a media cocción al sartén se habrá de agregar, con la única intención del sabor intensificar y darle a la vianda, una deliciosa personalidad.

   Mas, si hemos de hacer mención a un prodigio culinario de la región, qué mejor que sacar a colación un platillo que lleva por nombre de bautizo e insignia popular, el nombre de la tierra veracruzana en donde se originó. Me refiero, claro está, al Pollo Fortín de las Flores. Y ya sea por el colorido de la región, por floral inspiración o por producto de divina inspiración, este maravilloso guiso, dará mucho de que hablar no sólo entre los comensales en torno a la mesa, sino como vivo ejemplo del sazón y de la artesanía gastronómica, que en Fortín de las Flores florece con cada remesa.

   Para hacer este pollo, igual que diversidad en sus huertos florales, tendrá que haber abundancia en sus ingredientes. En primera instancia serán requeridas cebollitas cambray en rodajas, un pimiento morrón rojo y otro verde, ambos picados y champiñones en rodajas. Estos cuatro ingredientes en un sartén habrán de sofreírse mientras los olores se entremezclan en el aire; comenzando a hacer la labor del antojo y anunciando el platillo con alarde. Seguido, en una olla se habrán de poner a hervir caldo de pollo, vino blanco y crema; luego, para espesar aún más la mezcla, serán requeridas, un par de cucharaditas de harina, seguidamente a fuego lento la mezcla habrá de hervir, para después bañar las pechugas de pollo en mitades, previamente lacadas en mantequilla. Como paso final, con queso parmesano se habrán de cubrir y en un horno habrán de calentarse hasta que gratine el queso y como detalle de abolengo, con una lluvia de perejil picado se habrán de servir.

   Pero en Fortín de las Flores, todo es vida y dulzura y sus confecciones azucaradas, no se pueden quedar atrás, pues no hay mejor estampa para el paladar endulzar que contemplando sus jardines salpicados de color y fragancia floral. Aunque ofrece delicias de conocida estampa y sabor familiar, como los jamoncillos o las palanquetas de piloncillo. Las duquesas son como su nombre lo indica, la nobleza de los postres en esta región. Se tratan de una mezcla de azúcar caramelizada, coco rallado y vainilla, que se enriquece con claras de huevo a punto de turrón y harina, un verdadero manjar que simplemente al paladar no se le puede privar.

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