Álamo Temapache, donde el exceso y el sabor hacen buena conjunción
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Álamo Temapache, donde el exceso y el sabor hacen buena conjunción

Una región culinaria huasteca perfumada con la esencia del azahar.

  Álamo Temapache es una tierra prolífica donde los amaneceres están cargados de la fragancia del naranjo en flor, pues es este cítrico el que caracteriza y mejor representa a esta región, cuya producción es característica a tal grado, que la fiesta anual más importante está consagrada en su honor. Mas, la gastronomía de este rincón huasteco es cuento aparte en esta narración y su sabor aunque igual de fragante, resultará un verdadero gozo para el paladar, pues ya sea a través de sus deliciosos piques o con un sustancial caldo de acamaya, lo mismo de la tierra o del mar, en Álamo siempre terminará complacido el comensal.

 

 

   Y como bien dice la sabiduría popular: “La Huasteca llega hasta donde hay Zacahuil” y Álamo Temapache como orgulloso miembro de esta prolífica región cultural mexicana, no podría hacer menos, que ofrecer su propia versión de este afamado manjar, que en Álamo es sinónimo de fiesta, pues su preparación es un banquete completo, ya que en esta localidad se acostumbra guisarlo, usando un cerdo entero, el cual, después de ser adobado con una mezcla de chile ancho, chipotle, tomate, cebolla, vinagre y condimentos es recubierto con las hojas de plátano donde ya se encuentra el nixtamal martajado. Esta monumental preparación habrá de reposar en horno de barro al menos por doce horas, tras de las cuales, el gran zacahuil alamense habrá de hacer su triunfal aparición en cualquier evento y fiesta donde resulta imperativamente, el invitado de honor.

   Pero sin lugar a dudas, si de tradición se trata, las cocinas alamenses se vestirán de gloria con la sola mención de un platillo, que aunque compartido por algunas de las localidades huastecas, es en esta localidad donde su sabor alcanza tonos de gratificante satisfacción. Sin mayor preámbulo nos referimos a las enchiladas de baile, también conocidas como enchiladas de chile de color; las cuales deben su nombre a la costumbre de antaño, en que su consumo era popular como un tentempié nocturno y reparador para aquellos de corazón alegre que en los bailes encontraban su diversión.

   El chile protagonista de estas enchiladas alamenses, no es otro que el chile guajillo, el cual una vez que se ha desvenado y ninguna semilla queda en su interior, se pone a asar y luego a remojar; finalmente, se habrá de licuar junto con sal, agua, vinagre blanco y chile seco para dar lugar a una espesa salsa de un color rojo tan intenso como su sabor. Sin embargo, es aquí donde viene lo mejor, pues en el relleno de estas deliciosas enchiladas encontrarás no sólo la clásica versión de queso fresco y cebolla picada, sino que las hay también de puré de papá, pollo deshebrado y las de picadillo, que dicen los que saben, son un verdadero agasajo y las de mejor sabor; mas, en cualquiera de los casos se habrán de servir acompañadas de frijoles de la olla, papas fritas y chiles en vinagre; haciendo de este platillo una popular elección.

   O bien, si el comensal es de buen comer, entonces la opción más apropiada será abastecer su apetito con un sustancial Platillo Huasteco, esta vianda generosa en sus raciones, incluye longaniza, cecina, jamón, tocino, así como la ya típica guarnición de plátano macho frito, acompañado de frijoles refritos y una salsa, ya sea verde o roja, para acompañar el festín de carnes que en este platillo alamense se da lugar. Por último no resta más que recordar que en la tierra de la naranja, sería un pecado no probar los dulces de este fruto cristalizado, que una vez en el paladar, simplemente no podrás dejar de degustar.

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