Coatzacoalcos, un puerto donde los sabores se reinventan
  • facebook
  • twitter

Coatzacoalcos, un puerto donde los sabores se reinventan

Una sinfonía de exótica fragancia en un idílico paisaje porteño.

   A Coatzacoalcos llega errante lo mismo el son que el caminante, pero una vez que su brisa despacha el alma, no hay manera de abandonar el candor de sus playas. Este puerto veracruzano como buen anfitrión ofrece a todo aquel que en sus aguas se deleita, no sólo alivio a los rayos del sol, sino deliciosos platillos que habrán de ofrecer a manera de entradas, una rica variedad de coctelería de mariscos, o el muy solicitado filete relleno de camarón, pero en esta categoría quizá el protagonista sean los mejillones en todas sus versiones, frescos o en ensalada pero también como ingrediente de la exquisita merluza rellena de mejillones y mariscos, que habrán de regocijar a quién esta vianda sea digno de degustar.

 

 

   Pero si Coatzacoalcos puede jactarse de un platillo tradicional, entonces el referente inmediato, sin lugar a dudas es el taminilla, una expresión de sabor que no conoce parangón. Este creativo tamal orgullosamente coatzacoalqueño, mezcla con singular armonía los frutos del mar y de la tierra y crea un verdadero manjar que con falsa modestia ha sido llamado por los locales, simplemente como el ‘tamal de los pobres.’

   El taminilla, mezcla con gran originalidad dos platillos típicos de la región veracruzana; el primero, la minilla, una suerte de picadillo, hecho con pescado blanco o cazón desmenuzado puesto a sazonar en una salsa de jitomate, ajo, cebolla y aceite de oliva. Luego la mezcla se aderezará con azúcar, orégano, laurel, perejil, pastas, aceitunas y alcaparras. Y si todos estos ingredientes no son suficientes para impregnar el paladar del comensal con una cascada de notas, se debe considerar que en el taminilla, esta preparación es tan sólo el relleno de un exquisito tamal de masa de maíz impregnado en la esencia de la hoja de acuyo y la hoja de tamal. Luego, tras de esta descripción, aunque necio, no se puede dejar de preguntar: ¿Acaso se puede pedir más?

   Si la respuesta es afirmativa, Coatzacoalcos no se queda atrás y a manera de exóticas viandas, ofrece lo mismo al viajero que al nativo porteño un banquete de especialidades que dejarán el gusto del comensal satisfecho y encantado en dosis balanceadas, con ingredientes provenientes de todas las latitudes. Del aire, bajan con gracia a los platillos la carne del pato pichichil y de igual forma, el llamado canate, otra variedad de ave lacustre que se prepara en salsa de cura, una preparación de exquisita estampa y embelesante fragancia que incorpora en su melodía culinaria las voces de la naranja agria, una selección de hierbas aromáticas entre las que destaca la mejorana y el laurel, la característica impronta del jerez, la presencia de las aceitunas y el contraste de los chiles curtidos.

   Pero eso no es todo, en Coatzacoalcos lo mismo se come la carne de venado, que la carne de tejón, el pez bobo y por supuesto, una gran variedad de guisos de tortuga o ¿porqué no? El pejelagarto, el cual es delicioso lo mismo ahumando que a las brasas, fresco en ensalada o guisado como relleno de tamal, al final en la variedad está el gusto y Coatzacoalcos tiene expresiones de sabor para toda clase de exigencias; Después de todo, si en el mar la vida es más sabrosa, en Coatzacoalcos el sabor de su comida probará que esta máxima guarda una gran sabiduría, que no puede hacer menos que justicia a su gastronomía.

 

Arriba