Minatitlán, tierra de fragantes frutos y exquisitos platillos
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Minatitlán, tierra de fragantes frutos y exquisitos platillos

Una fiesta de sabor en la Joya del Sotavento. 

   Minatitlán es un paraíso por sí mismo, ubicado en uno de los extremos del místico triángulo olmeca, ofrece no sólo un vínculo de historia con el pasado, sino una cascada de expresiones naturales que lo confirman como un santuario para muchas especies endémicas mexicanas, que han hecho de sus paisajes, moradas y que en conjunción con sus múltiples expresiones de flora, su clima benéfico y noble y la fertilidad de sus tierras, no puede ser concebido como otra cosa, que una fuente de inspiración gastronómica de importante talla para el folklore veracruzano.

 

   

   Y en las calles de la Joya del Sotavento, una procesión culinaria aguarda para agasajar al comensal, Minatitlán es rico en antojitos como aquellos elaborados con plátano, un sello indiscutible del sazón minatitleco, famosos son los plátanos macho fritos con queso doble crema y cubiertos con crema o el plátano macho relleno de carne con mayonesa. O los famosos tacos de cochinita pibil, que a diferencia de su equivalente yucateco, sustituye al achiote por una salsa de adobo y en el ajuar de su estampa incorpora cueritos, tomate guajiro, pimiento morrón amarillo y rojo, dando lugar a una deliciosa re interpretación de este clásico imperdible de la gastronomía mexicana.

   Afamados son de la misma manera su extenso surtido en tamales, en los que se hace partícipe los ingredientes regionales como voceros del sabor minatitleco. Los bollitos de elote, tamales de maíz fritos servidos con queso y crema; los tamales de chipile, aderezados con la salsa del mismo nombre, de una consistencia cremosa y donde destacan las notas predominantes del chile habanero; famosos son también los chanchamitos, que incorporan en su masa el achiote y rellenos de carne de cerdo o bien, los tamales de masa cocida, guisado con masa con esencia de epazote y rellenos de cerdo o pollo.

   Pero, sin lugar a dudas la señora de la mesa, tiene nombre propio y es conocida como Memela, este exquisito platillo con parentela en zonas aledañas, resulta una expresión muy digna del saturado barroco mexicano. Como una metáfora, en su haber incluye una gran variedad de ingredientes, que como Minatitlán mismo, conjuga el pasado prehispánico, los sabores de la conquista, la riqueza de la cocina mexicana y el candor de los ingredientes locales, originando un platillo que no sólo se desborda en componentes, sino en un exquisito sabor que define las notas de la cocina minatitleca. 

   Como un mosaico saturado de color, lo mismo, la Memela, ofrece sus ingredientes como pétalos en una flor; En la redondez de su tortilla de maíz, una fina capa de manteca entremezcla su esencia con la consistencia de una salsa chipotle encendida en su tono y en su gusto que forman una ya de por sí antojosa base; sobre de ésta, una capa de frijoles negros molidos ha de reposar, luego una segunda capa de queso asadero en hebras… y después, una lluvia de deleite al paladar: carne chinameca ahumada en madera de cedro, cebolla, plátano macho frito, huevo cocido, aguacate, queso fresco y coronando tan sublime creación, un baño de crema agria, hacen de esta expresión culinaria, el orgullo de Minatitlán que le ha hecho meritoria de un Record Guiness en la categoría de la ‘Memela más grande del mundo.’

   Y si se ha de acompañar el guiso minatitleco con una bebida que haga más llevadera la digestión, que mejor que un elixir de local concepción, el Agua fresca de Arrayán. ¿O porqué no? Invitar al comensal a degustar el paladar con el vecino elixir cosoleacaneco, ahora naturalizado minatitleco: El Popo, una bebida que a partir de arroz y cacao da lugar al llamado atayole, al que además se incorporan otros ingredientes de exótico renombre como el asquiote o la llamada hierba chupipi, para crear esta tradicional y deliciosa bebida mexicana y de orgullosa estampa veracruzana, que pone en alto el nombre de Minatitlán, no sólo como un paraíso natural sino como el destino predilecto para el apetito satisfacer.

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