Misantla, una senda por la estirpe del sabor totonaca
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Misantla, una senda por la estirpe del sabor totonaca

Paladeando las delicias de la Joya de la tierra del Totonoacapan.

   El empedrado de las calles de Misantla parece resonar con ecos del pasado con cada nueva pisada que por sus calles perfumadas de vainilla orquesta un nuevo repiqueteo. En el entramado de sus calles que aún conservan la lozanía de un paraíso terrenal, los cedros se convierten en hermoso mobiliario colonial y la música se transforma en un bohemio son de trío donde el bolero aterciopelado se escapa de las cuerdas como el acompañamiento de idóneo romanticismo para acompañar los manjares que como un afluente de abundancia aluden al propio nombre de la tierra de los venados.

 

   La gastronomía de la llamada “Ciudad de las Flores” es no sólo basta en cuanto a su variedad de sabores e ingredientes, pues lo mismo en su mesa confluye el encanto del mar y el murmullo de la tierra, sino que además de ello, resulta barroca en su incorporación de sabores, ingredientes y sazones que vuelve a la comida misanteca una expresión culinaria digna de ofrenda votiva a los dioses. 

   Si de antojo se trata, Misantla es una generosa anfitriona y al hambriento paladar agasaja con un sinnúmero de platillos que ponen de manifiesto su sangre totonaca. Famoso es el chilehuevillo, unas enchiladas donde el huevo revuelto frito coquetea con una profusa salsa de chile cascabel. Deliciosas son particularmente las celebérrimas Empapatadas, una delicia culinaria misanteca que a manera de dádiva para el comensal, ofrece sendas enfrijoladas envueltas en hoja de papa, creando una mezcla de singular sabor. 

   Pero singulares son también sus empanadas rellenas de picadillo, queso y papa, un trio de ingredientes que regocija el alma; sus gorditas picadas con asiento de chicharrón y por sobre todo sus exquisitos tamales donde la comida fusión es un adjetivo que se queda corto en su descripción; los hay de carne de pollo y puerco con salsa de jitomate y chile seco o bien los sublimes tamales misantecos, preparados con un relleno de frijol con pipían y trozos de chayote y calabacita; O bien, a manera de noble gesto, los tamales de pato resultan un verdadero deleite y dignos de un internacional reconocimiento.

   Más el sitio de honor en la gastronomía misanteca lo ocupa su afamado Chiltepin, una salsa de profundo color tanto como picor, acompaña platillos de diversa índole sin hacer ninguna distinción, lo mismo pollo que pescado frito, envuelto en hojas de acuyo y con notas de ajo en su preparación que hacen del platillo una elección ideal para toda celebración. Deliciosa es también su costilla en pipián, su pato en estofado, o sus platillos ultramarinos donde lo mismo las islamas, acamayas y camarones terminan sazonados en un sabroso mojo de ajo.

   Pero, si hablamos de pan, Misantla no se hecha atrás, en su haber el comensal puede acompañar su plato con un esponjoso pan de huevo, o el tradicional pan de manteca, también llamado pan de granillo con su sabor característico a nuez y canela o sus empanadas rellenas de manjar, cuyo nombre lo dice todo en cuanto a su experiencia; pero también destacan sus características galletas las masafinas matizadas en una rústica esencia de almendras, lo mismo que sus tintines, donde la masa del maíz alberga un concierto de sabor, incorporando las voces de la nuez, el cacahuate, la almendra, la canela, la vainilla y la semilla de girasol.

   Finalmente como conclusión de esta bella tierra donde el color de sus templos asemeja al brillo del sol, Misantla es la cuna del atole y resulta delicioso su sabor en cualquier presentación, ya sea de capulín agrio, de arroz con leche y queso panela, o bien de queso panela y masa agria o en el icónico atole de cacao, mejor conocido como champurrado, Misantla es la tierra del sabor y no hay mejor manera de consentir al comensal que con sus dulces de conserva de calabaza y yuca o sus irresistibles trompadas y pemoles que dejen en la lengua y el paladar una suave impronta de este bohemio paraíso terrenal.

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