Exquisita estadía en el Puerto de Alvarado
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Exquisita estadía en el Puerto de Alvarado

El mosaico de sazón de la Sultana del Papaloapan.

    Uno de los pilares formativos del pueblo veracruzano, donde se arraiga el corazón de su mestizaje, yace en el romántico trazado de las calles y callejones que despliegan sus senderos como pétalos de la rica flor que asemeja la colorida península de este municipio vecino de Boca del Río, donde no sólo confluyen en sus aguas los navíos, sino el  murmullo de la historia, el barullo del folklore, la suculenta estela de los guisos salpimentados con el carisma jarocho y junto con ellos el resto de los ingredientes de la típica jarana veracruzana, que conquista lo mismo al cuerpo que al alma. 

 

   

    La región de ‘Atlizintla’ como era conocida esta florida región en tiempos previos a la colonización española, literalmente refería al ‘lugar de aguas abundantes’ y si bien nuestros antepasados no erraron la descripción topográfica de este hermoso rincón de Veracruz, lo cierto es que su abundancia no sólo puede ser referida a su cristalino espejo de agua, sino en igual medida a la de sus recursos naturales, pero por sobretodo a la riqueza de su gastronomía que como canto de sirena, impregna una melodía de sabor en el paladar de sus comensales, predisponiéndolos al disfrute y al goce del candor alvaradeño.

    En su mesa se conjuga en todos los tiempos el verbo comer y sus platillos fluyen entre amigos y familiares, en una perfecta metáfora de las aguas que circuncidan su urbanización. Aúricas empanadas de camarón, donde los colores patrios adquieren un regusto de gloria o bien las exquisitas dobladas de carne molida, apenas sirven como heraldos de una cocina que resulta incansable en cuanto a su creatividad y sazón.

    De igual forma, típicos de Alvarado, yace la versión local de sus regiones vecinas: El Róbalo a la Veracruzana, una verdadera expresión de concordia en que el olivo, las alcaparras y el laurel coquetean con el sabor característico del pescado. Y sobre esta línea, se homologan en igual jerarquía la Minilla de jurel, guisado con aceitunas y chile verde; la sopa de mariscos aderezada con epazote y el célebre Cebiche de pescado, una expresión culinaria de gran renombre que ha dado en heredad una gran riqueza a la cocina mexicana.

    Pero lo mismo que el apelativo de rancia alcurnia que denomina al puerto de Alvarado, no podemos negar que el soberano absoluto, al menos en lo que a gastronomía se refiere, hace alusión, por supuesto, al arroz a la tumbada, una orgía de texturas, colores, formas y sabores, donde departen y confluyen frutos marinos como el pescado, el pulpo, los camarones, las jaibas en su concha y las almejas; así como ingredientes de característica impronta tales como el perejil, el epazote y las cebollas. Tal fusión de sabor bien valdría una ovación proveniente de la filosófica gastronomía china y que desde 1995 ha sido la protagonista del Record Mundial Guiness al alimentar a miles de personas en un banquete ya tradicional, que tiene lugar en la localidad de Alvarado,

    Y a manera de colofón, qué mejor manera de mimar los sentidos del comensal, que a través de un delicioso postre que pone de manifiesto no sólo el deleite del gusto, sino de la vista en igual medida. Las afamadas gorditas de anís, que han sido bautizadas como gorditas veracruzanas no sólo son características por su suave masa y su relleno de piloncillo, canela y anís, sino por su esponjosa fachada, que lo mismo que los paradisiacos paisajes de Alvarado, rebosa de encanto y gracia.

 

 

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