Travesía por los manjares de Coatepec
  • facebook
  • twitter

Travesía por los manjares de Coatepec

Un edén salpicado de orquídeas con aroma a café. 

    La esencia del pueblo y la gente veracruzana yace en Coatepec. Hablar de este hermoso pueblo colonial con estelas de turco peregrinaje, estampas de florido mestizaje y un festín de manjares que como un caleidoscopio regocijan el paladar en una fiesta de sabor, resulta un placer por sí mismo y sin lugar a dudas, un delicioso recuerdo, para la mente del visitante, que, parafraseando al escritor Amadeu de Almeida, deja indefinidamente una parte de sí mismo en los vericuetos de sus encantadoras calles. 

 

    Haciendo gala de su nombre de origen náhuatl, el cerro de las serpientes, destaca por su gran fertilidad,  donde la mezcla venturosa de vegetación montañesa y selva tropical ha generado una riqueza natural que queda patente no sólo en sus cultivos de caña de azúcar, tabaco, cítricos y frutas tropicales, sino de igual forma en la extensa variedad gastronómica que ofrece como un perfume que seduce al propio y al extraño en igual medida.

    Con una extensa variedad de ingredientes típicos de la región, que han logrado imprimir una mezcla de sazón inherentemente característica a la región, incorporando lo mismo frutos del mar, tales como las acamayas, truchas, jaibas, róbalos y langostinos, así como los refrescantes frutos de exótica tonalidad ambarina como el mango, el plátano y la maracuyá.

    Como entrada, Coatepec se presenta como experta para abrir el apetito, con un desfile de tentadoras masafinas, un pan horneado a la leña y relleno de requesón y de igual forma, las famosas tapadas, una redondela de tricolor estampa que se corona como soberana de sus antojitos locales: una suerte de gorditas de maíz, rellenas de una generosa pasta de frijol en las que la esencia de la hoja de aguacate se mezcla con el típico regusto de la salsa de tomate y una cobertura de queso fresco.

    A manera de platillo principal, el autor del Huachinango a la Veracruzana, es también creador del mole coatepecano, una fragante variedad del tradicional guiso mexicano que incorpora en su consistencia, un oleaje de regusto caribeño, logrado al endulzar la vastedad del entretejido de sabores con notas de chocolate, pasas, plátano y granos de anís. De igual forma, la cocina coatepecana se enriquece con la típica cecina de la región, los apetitosos camarones enmolados o bien, con el murmullo del vapor que desprende su delicioso chileatole

    Pero si de consentir al comensal se trata, Coatepec no tiene parangón. En su mesa departen con elegancia la tradición y la seducción. Por un lado la región se destaca por la elaboración de sus tradicionales nieve de amantecado, una albina preparación en donde la leche, el huevo y la canela danzan por igual en la lengua del comensal y por otro, una extensa selección de dulces tentaciones, donde podemos encontrar galletas de café, dulces de nuez de macadamia y de pepita, todo ello sin obviar al exquisito torito de nanche y su obligada versión sabor café.

    Sin duda Coatepec, la tierra del grano del café, no sólo lo es de altura por este mismo, sino por el arte en su cocina y por el alegre barullo que condimenta de igual forma sus calles y habitantes. Si de experiencias gastronómicas se habla, esta ciudad es una obligada parada, donde en las mañanas el café se volatiliza contenido en tazas y por la noche se condensa en los distintivos canarios, rellenos de manjar.

Arriba